
En ambos casos, los estafadores fingieron ser sobrinos de las víctimas de otras provincias. Les dijeron que habían sufrido un desperfecto mecánico con el auto a la altura de Ituzaingó, Corrientes, cuando venían a visitarlos a Misiones, y les pedían ayuda para pagar la grúa del seguro. Les explicaron que no tenían señal en ese lugar como para realizar la operación ellos mismos y les dieron entonces dos números de teléfonos celulares que aseguraron eran de la aseguradora.
Allí, el cómplice que los atendió les indicó que debían transferir una determinada cantidad de dinero a una cuenta. Cuando las víctimas explicaron que no harían la transferencia, los estafadores comenzaron a ofrecer alternativas desesperadas, intentando extorsionar emocionalmente a sus interlocutores con reproches y lamentos. Ninguno de los dos intentos llegó a concretarse.
Hace un año atrás, N. M., fue víctima de una estafa telefónica. Un desconocido la llamó por teléfono fijo haciéndose pasar por un familiar y le dijo: “Hola, me quedé en el auto en la ruta yendo a visitar a Betty. Estamos con los chicos y la grúa nos pide $10.000 para subirnos pero no contamos con ese dinero”.
N. cayó en la trampa y les transfirió $35.000. Sus hijos se percataron de que la cuenta del supuesto seguro que cubría la grúa era de Bariloche y al buscarlo en Google no existía. Era la cuenta de una persona desconocida con residencia en Córdoba. Se denunció ante Cibercrimen y se llevó una investigación, que perdura porque la burocracia de este tipo de crímenes lleva su tiempo.
Fuente: El Territorio